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 La contemplación....

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m_elissah

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MensajeTema: La contemplación....   Dom Mar 22, 2009 11:04 pm

.................................... study


Qué es y qué no es la contemplación



Qué es la contemplación

"Tú, que habitas en tinieblas,
alégrate en tu esperanza:
ha aparecido la estrella de la mañana,
y el sol no ha de tardar"
(Antífona de la II semana de adviento del antiguo breviario cisterciense)

La contemplación es la más alta expresión de la vida intelectual y espiritual del hombre. Es esa vida misma, plenamente despierta, totalmente activa y completamente consciente de que está viva. Es prodigio espiritual. Es espontáneo temor reverencial ante el carácter sagrado de la vida, del ser.

Es gratitud por la vida, el conocimiento y el ser. Es una comprensión profunda del hecho de que, en nosotros, la vida y el ser proceden de una Fuente invisible, trascendente e infinitivamente abundante.

La contemplación es, por encima de todo, la conciencia de la realidad de esa Fuente. conoce la Fuente de una manera oscura e inexplicable, pero con una certeza que va más allá de la razón y de la simple fe. Pues la contemplación es un género de división espiritual a la que aspiran la razón y la fe por su misma naturaleza, porque sin ella ambas permanecen siempre necesariamente incompletas.

No obstante la contemplación no es visión, porque ve (SIN VER) y conoce sin (CONOCER). Es una profundidad de fe mas honda, un conocimiento tan profundo que no puede ser captado en imágenes ni palabras, ni siquiera en conceptos claros.

Puede ser sugerida por palabras, por símbolos, pero en el mismo momento en que la mente contemplativa trata de indicar lo que conoce, retira lo que ha dicho y niega lo que ha afirmado. Pues en la contemplación conoceos por (DESCONOCIMIENTO). O mejor dicho, conocemos más allá de todo saber o NO SABER.

La contemplación está siempre más alla de nuestro conocimiento, más allá de nuestras luces, más allá de los sistemas, más allá de las explicaciones, más allá del discurso, más allá del diálogo y más allá de nuestro propio yo. Para entrar en el ámbito de la contemplación debemos, en cierto sentido morir; pero esta muerte es en realidad la entrada en una vida más elevada. Es una muerte por amor a la vida, que nos hace abandonar todo lo que podemos conocer o atesorar como vida, como pensamiento, como experiencia, como gozo como ser.

Y por eso parece que la contemplación reemplaza y descarta cualquier otra forma de intuición y experiencia -ya sea en el arte, en la filosofía, en la teología, en la liturgia o en los niveles ordinarios del amor y la creencia.

La contemplación es y tiene que ser compatible con todas las cosas, ya que es su realización más elevada. Pero en la experiencia real de la contemplación todas las demas experiencias se pierden momentáneamente: <> para nacer de nuevo en un nivel de vida mas elevado.

Dicho de otro modo, la contemplación tiende hacia el conocimiento e incluso hacia la experiencia del Dios transcendente e inexpresable.

La contemplación es también la respuesta a una llamada: una llamada de aquel que no tiene voz y sin embargo, habla en todo lo que existe y, por encima de todo, habla en nuestras profundidades de nuestro propio ser, ya que nosotros somos sus palabras. Pero somos palabras destinadas a responderle a Él, a contestarle a Él, a ser su Eco e incluso, de alguna manera a contenerlo y significarlo.

Por consiguiente, la contemplación es más que una consideración de verdadeds abstractas sobre Dios, más incluso que una meditación afectiva sobre las cosas que creemos. Es el despertar, la iluminación y la asombrosa comprensión intuitiva por los que el amor obtiene la certeza de la intervención creadora y dinámica de Dios en nuestra vida diaria.

Así pues la contemplación no <> simplemente una idea clara de Dios, Lo encierra dentro de los límites de esta idea y lo mantiene allí como un prisionero al que siempre quiere volver. Todo lo contrario: La contemplación es llevada por Dios a su reino, su misterio y su libertad. Es un conocimiento puro y virginal, pobre en conceptos, más pobre todavia en razonamientos, pero capaz, por su misma pobreza y pureza, de seguir a la Palabra <>

Qué no es la contemplación

La única manera de librarse de concepciones erróneas sobre la contemplación es experimentarla los que no ha experimentado en su propia vida la naturaleza de este descubrimiento decisivo y de este despertar a un nuevo nivel de realidad, necesariamente se veran confundidos por la mayoría de las cosas que se dicen sobre la contemplación, que esta experiencia no se puede enseñar.

Ni siquiera se puede explicar claramente. Solo puede ser indicada, sugerida, evocada, expresada con símbolos. Cuanto más se intenta analizarla objetiva y científicamente, tanto más se la vacía de su contenio real, ya que esta experiencia está más allá del alcance de las palabras y razonamientos.

Nada más repelente que una definición pseudocientífica de la experiencia contemplativa. Ellos se debe entre otras razones al hecho de que quien intenta formular tal definición se siente tentado a proceder psicológicamente, y en verdad no existe una adecuada psicología de la contemplación.

Describir reacciones y sentimientos es situar a la contemplación allí donde no se encuentra: en la conciencia superficial, donde la reflexión y esta conciencia son precisamente parte de ese yo exterior que muere y es desechado, como un vestido sucio, en el auténtico despertar contemplativo.

La contemplación no es ni puede ser una función del yo exterior. Existe una oposición irreductible entre el yo profundo y el trascendente que despierta sólo en la contemplación y el yo superficial y exterior que identificamos por lo general con la primera persona del singular. Debemos recordar que este "YO" superficial no es nuestro "YO" real. Es nuestra "individualidad" y nuestro "YO EMPIRICO", pero no es realmente la persona escondida y misteriosa en l aque subsistimos a los ojos de Dios.

El "YO" actúa en el mundo, piensa sobre sí, observa sus propias reacciones y habla de si no es el verdadero "YO" que ha sido unido a Dios en Cristo. Es, en la mejor de las hipótesis, la vestidura, la máscara, el disfraz de ese "si mismo" misterioso y desconocido que la mayor parte de nosotros no descubrimos hasta que morimos.

Obviamente la contemplación no es sólo cuestión de temperamento pasivo y tranquilo. No es mera inercia ni tendencia a la inactividad, a la paz psíquica. La persona contemplativa no es sólo aquella que disfruta sentándose y pensando, y menos aún la que está sin hacer nada y con la mirada perdida. La contemplación es mucho más que la meditación o el uso por la reflexión.

La contemplación no es devoción ni tendencia a encontrar la paz y satisfacción en los ritos litúrgicos. También estos son un gran bien y una preparación casi necesaria para la experiencia contemplativa.

La contemplación no es trance ni éxtasis, ni audición súbita de palabras inexpresables, ni visión de luces. Tampoco es el fuego y la dulzura de las emociones que acompañan a la exaltación religiosa. No es entusiasmo, el sentimiento de ser "arrebatado" por una fuerza elemental e introducirdo en la liberación por el frenesí místico. Naturalmente , tales manifestaciones pueden acompañar a una experiencia religiosa profunda y autentica, pero no corresponden a lo que yo entiendo aquí por contemplación.

Tampoco es la contemplación el don de profecía, ni implica la capacidad de escrutar los secretos de los corazones humanos. A veces sucede que estas cosas acompañan a la contemplación, pero no son lo escencial en ella, y sería erróneo confundirlas con ella.

Que nadie conciba la contemplación como una evasión del conflicto, de la angustia o de la duda. Todo lo contrario: la profunda e inexpresable certeza de la experiencia contemplatia despierta una gran angustia trágica y abre en lo profundo del corazón muchas preguntas que son como heridas que no pueden dejar de sangrar...

Al final el contemplativo sufre la angustia de comprender que ya no sabe qué es Dios. Tal vez entienda misericordiosamente, o tal vez no, que, después de todo, esto es un gran benefico porque "Dios no es un qué", no es una "cosa".

Esta es precisamente una de las características esenciales de la experiencia contemplativa: Ve que no hay un "qué" que pueda ser llamado Dios; no hay "ninguna cosa" que sea Dios, porque Dios no es un "qué" ni una "cosa" sino un puro "Quien"*. Él es el "Tú" ante el cual nuestro "yo" más íntimo despierta a la conciencia. Él es el YO SOY ante el cual, con nuestra voz más personal e inalienable, repondemos: "YO SOY".


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