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 UNA VISITA DEL PURGATORIO

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paco
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MensajeTema: UNA VISITA DEL PURGATORIO   UNA VISITA DEL PURGATORIO EmptyMiér Oct 31, 2007 11:19 am

UNA VISITA DEL PURGATORIO Bar_header_rojo




















UNA VISITA DEL PURGATORIO Z_purgatorio_hnateresa_gesta

Huella de la
mano de la hna.Teresa

M. Gesta, en su visita desde el purgatorio.

Foligno, Italia.

Imagen
cortesía de los Frailes
Franciscanos

Recoletos de la Cruz, con permiso





Una Visita del
Purgatorio


-Convento de las Terciarias Franciscanas,
Foligno, Italia



Purgatorio
El día 4 de noviembre de 1859 murió de apoplejía fulminante, en el convento
de Terciarias Franciscanas de Foligno, una buena hermana llamada Teresa
Margarita Gesta, que era hace muchos años maestra de las novicias y a la vez
encargada de la pobre ropería del monasterio. Había nacido en Córcega, en
Bastia, en 1797 y había entrado en el monasterio en febrero de 1826.


Doce días después de la muerte de sor
Teresa, el 17 de noviembre, la hermana Ana Felicia,
que la había ayudado en su empleo y que la reemplazó después de su muerte, iba a
entrar en la ropería, cuando oye gemidos que parecían
salir del interior del aposento. Algo azorada, se apresuró a abrir la puerta:
no había nadie. Mas dejándose oír nuevos gemidos acentuados, ella, a
pesar de su ordinario
valor, sintió miedo.





"¡Jesús, María!; -exclamó - ¿qué es
esto?".


Aún no había concluido, cuando oyó una voz lastimera,
acompañada de este
doloroso suspiro:


"¡Oh, Dios mío! ¡cuánto sufro! Oh Dios! que peno tanto!".



La hermana, estupefacta, reconoció pronto la voz de la pobre sor Teresa. Se
repone como puede, y le pregunta:



"¿Y por qué?"




"A causa de la pobreza", responde sor Teresa.




"¡Cómo!... -


replica la hermana - ¡vos que erais tan
pobre!"


"No es por mí misma, sino por las


hermanas, a
quienes he dejado demasiada libertad en este
punto. Y tú ten cuidado de ti misma".


Y al mismo instante la sala se llenó de un espeso humo, y la sombra de sor
Teresa apareció dirigiéndose hacia la puerta, deslizándose a lo largo de la
pared. Llegando cerca de la
puerta, exclamó con fuerza:



"He aquí un testimonio de la misericordia de Dios".



Y diciendo esto tocó el tablero superior de la puerta, dejando perfectamente
estampada en la madera calcinada su mano derecha, y desapareciendo en seguida.



La pobre sor Ana Felicia se había quedado casi muerta de miedo.
Se puso a gritar y pedir auxilio. Llega una de sus compañeras,
luego otra y después toda la Comunidad; la rodean y se admiran todas de
percibir un olor a madera quemada. Buscan, miran y observan en la puerta la
terrible marca, reconociendo pronto la forma de la mano de sor Teresa, que era
notablemente pequeña. Espantadas, huyen, corren al coro, se ponen en oración,
y olvidando las necesidades de su cuerpo, se pasan toda la noche orando,
sollozando y haciendo penitencia por la pobre difunta, y comulgando todas por
ella al día siguiente.


Espárcese por fuera la noticia; los Religiosos Menores, los buenos sacerdotes
amigos del monasterio y todas las comunidades de la población unen sus
oraciones y súplicas a las de las Franciscanas. Este rasgo de caridad
tenía algo de sobrenatural y de todo punto insólito.



Sin embargo, la hermana Ana Felicia, aun no repuesta de tantas emociones,
recibió la orden formal de ir a descansar. Obedece, decidida a hacer
desaparecer a toda costa en la mañana siguiente la
marca carbonizada que había causado el espanto de todo Foligno. Mas, he aquí
que sor Teresa Margarita se le aparece de nuevo.



"Sé lo que quieres hacer;


-le dice con severidad -; quieres
borrar la señal que he dejado impresa. Sabe que no está en tu mano hacerlo,
siendo ordenado por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos.
Por su justo y tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante cuarenta años
las espantosas llamas del purgatorio, a causa de las debilidades que he tenido
a menudo con algunas de nuestras hermanas. Te agradezco a ti y a tus compañeras
tantas oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar
exclusivamente a mi pobre alma; y en particular los siete salmos
penitenciales, que me han sido de un gran alivio".


Después, con apacible rostro, añadió:



"¡Oh, dichosa pobreza, que proporciona tan gran alegría
a todos los que verdaderamente la observan!".




Y desapareció.


Por fin, al siguiente día, 19, sor Ana Felicia, habiéndose acostado y
dormido, a la hora acostumbrada, oye que la llaman de nuevo por su nombre,
despiértase sobresaltada, y queda clavada en su postura sin poder articular
una palabra. Esta vez reconoció
también la voz de sor Teresa, y al mismo instante se le apareció un globo de
luz muy resplandeciente al pie de su cama, iluminando la celda
como en pleno día, y oyó que sor Teresa con voz alegre y de triunfo, decía
estas palabras:



"Fallecí un viernes, día de la Pasión


y otro
viernes me voy a la Gloria... ¡Llevad con, fortaleza
la cruz!... ¡Sufrid con valor!".


Y añadió con dulzura: "¡Adiós!
¡adiós! ¡adiós!...


Se transfigura en una nube
ligera, blanca, deslumbrante, y volando al cielo
desaparece.


Abrióse en seguida una información canónica por el obispo de Foligno y los
magistrados de la población. El 23 de noviembre, en presencia de un gran número
de testigos, se abrió la tumba de sor Teresa Margarita, y la marca
calcinada de la pared se halló exactamente conforme a la mano de la difunta.



El resultado de la información fue un juicio oficial que consignaba la
certeza y la autenticidad de lo que acabamos de referir. En el convento se
conserva con veneración la puerta con la señal
calcinada. La Madre abadesa, testigo del hecho, se ha dignado enseñármela
(dice Mons. de Ségur), y mis compañeros de peregrinación y yo hemos visto y
tocado la madera que atestigua de modo tan temible que las almas que, ya sea
temporal, ya sea eternamente, sufren en la otra vida la pena del fuego, están
compenetradas y quemadas por el fuego.



Cuando, por motivos que
sólo Dios conoce, les es dado aparecer en este mundo, lo que ellas tocan
lleva la señal del fuego
que les atormenta; parece que el fuego y ellas no forman más que uno; es como
el carbón cuando está encendido.


*** *** ***



En medio de la crisis que hunde al mundo moderno
en un rebrotar inmenso del paganismo, con todas sus secuelas de brutalidad y
salvajismo, la fe, debilitada y languideciente, en las Verdades reveladas, nos
presenta el espectáculo de personas tan preocupadas, hasta el traumatismo psicológico,
por la "suerte" de las especies animales y aún las vegetales, que
despliegan esfuerzos y queman energías en campañas medioambientales, mientras abandonan, sin la más mínima consideración,
a sus seres queridos, (padres, hermanos, esposos o amigos) a sufrimientos
atroces sin hacer nada por ellos, pudiendo haberles ayudado inmensamente si aún
tuvieran algo de fe. Santo Tomás enseña que el dolor más grande en la
tierra es menor que el más pequeño en el Purgatorio.



Pero lo peor de esta situación, y lo más doloroso, es constatar que este
olvido de las almas de nuestros seres queridos ha sido causado, en gran
medida, por la negligencia o la traición de hombres de Iglesia que no creen,
o parecen no creer más el la realidad del Purgatorio, volcando sus esfuerzos
"pastorales", casi exclusivamente, en los pleitos políticos
contingentes, y curiosamente con el mismo fuerte cariz ideológico que
alimenta dichas campañas medioambientales.


Por nuestra parte encomendemos a dichas almas abandonadas a su suerte que
constituyen la parte de la Iglesia purgante cuyas oraciones, a su vez, a favor
nuestro no dejan de favorecernos, hagamos celebrar el Santo Sacrificio de la
Misa, aprovechemos para ganar las indulgencias del jubileo para aplicarlas a
nuestros seres queridos o a quienes quizás por culpa nuestra sufren en el
Purgatorio. Cumplamos este deber ya sea en justicia o caridad; Un día, con
seguridad, seremos nosotros los necesitados del auxilio que nos puedan prestar
las almas fieles pertenecientes, en ese entonces, a la Iglesia militante.



Muchos al leer estas cosas las desprecian como puros
cuentos. No quieren reconocer que la realidad del purgatorio que es enseñanza
del magisterio y ha sido confirmada por numerosos testimonios. Pero el
Señor no deja de advertirnos por el bien de los pocos que abren su corazón a
la conversión.



"Concédeles Señor
el descanso eterno: y brille para ellas la luz perpetua!"



Ver tambi
én:
¿Pueden
visitarnos las almas del purgatorio?







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Georges42
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Georges42

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MensajeTema: Re: UNA VISITA DEL PURGATORIO   UNA VISITA DEL PURGATORIO EmptyVie Nov 02, 2007 4:02 pm

Sé que hay una etapa de purificación antes del encuentro total con el Señor. Lo referido acá depende de una revelación personal. La cual no me convence por ser una descripción muy "material" del purgatorio.
Eso no le quita que es parte de la fe católica y apostólica. Tampoco no le quita que uno sufre por verse tan indigno de tanto amor. ¿Como explica Usted que en la dimensión de Dios, haya un fuego con características tan de éste mundo?
Dónde tenemos que ser prudentes, es en la manera concreta de explicarla. Leyendo ésta relación, me siento con un estilo "espiritista".
¿A ver que dicen los demás?
Observen que le magisterio no apoya ésta revelación como parte de la verdadera doctrina. Aúnque, si, apoya la existencia del "purgatorio".
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m_elissah

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MensajeTema: Re: UNA VISITA DEL PURGATORIO   UNA VISITA DEL PURGATORIO EmptyVie Nov 02, 2007 6:19 pm

.......................... study

Creo que tampoco comparto que el ser espiritual del alma pueda sufrir castigos tan materiales y tan temporales......Pero mucho menos comparto la idea del purgatorio como un "lugar" de tormentos, una antesala de padecimientos para poder alcanzar el cielo....No dejo de pensar que esta visión terrorífica es indigna de la fe que profesamos en un Dios que es Amor y totalmente ajena a la esperanza cristiana.
El purgatorio es una gracia de Dios, la última gracia que Él da al hombre para madurar plenamente en el amor y poder mirar a su Creador cara a cara....
Es un claro ejemplo de la doctrina cristiana que nos habla de la esperanza y de la solidaridad humana.....Podemos y debemos pedir por esas personas que aún no han alcanzado el cielo en plenitud, el purgatorio nos recuerda que el amor es más fuerte que la muerte.
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Gustavo
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MensajeTema: Re: UNA VISITA DEL PURGATORIO   UNA VISITA DEL PURGATORIO EmptySáb Nov 03, 2007 12:33 am

ayudar a los difuntos.

Para ayudar a los difuntos la Iglesia tiene el tesoro de las indulgencias. Es un tesoro espiritual que tiene la Iglesia. A mí me da pena cuando veo católicos que menosprecian las indulgencias. Prescinden de las indulgencias. Como si no existieran. Es despreciar un capitalazo espiritual.

Yo digo una cosa: si la Iglesia legisla sobre las indulgencias, es porque son una realidad. La Iglesia no nos va a engañar. Cuando la Iglesia dispone, reforma y aplica las indulgencias, es porque esto es una realidad. No vamos a pensar que la Iglesia nos está engañando, y nos habla de una cosa que es pura imaginación. Y la Iglesia legisla sobre las indulgencias.

Acaba de hacer una reforma de las indulgencias. En esta reforma de las indulgencias que ha hecho la Iglesia, ha quitado aquello que decíamos antes: «Trescientos días de indulgencia», «Siete años de indulgencia». Aquello lo ha quitado porque se prestaba a confusiones. La gente se creía que esos trescientos días eran trescientos días de purgatorio. Realmente no era eso. Era otra cosa más complicada. Prescindo. No digo lo que había antes, que lo han reformado, sino lo que hay ahora.

***

Hoy la Iglesia ha dejado dos tipos de indulgencia: indulgencia parcial, indulgencia plenaria. Y nada más. ¿Qué es indulgencia parcial? Lo voy a explicar de modo que me entendáis, no con las palabras teológicas y técnicas.

Indulgencia parcial significa que la Iglesia me duplica mi mérito. Lo multiplica por dos. Si yo doy un beso a una medalla, ese beso vale según mi fervor. Si yo doy un beso muy frío, vale mucho menos que si doy un beso fervoroso. Entonces el valor de mi beso a la medalla, a la estampa, al crucifijo, a la Virgen, el valor de mi beso en orden a la vida eterna, depende de mi fervor. Si este objeto está indulgenciado con indulgencia parcial, se merece el doble. El fervor que yo pongo, se multiplica por dos. Ésa es la indulgencia parcial.

¿Y qué es indulgencia plenaria? Indulgencia plenaria es que suprime el purgatorio. Si la gana un moribundo no pasa por el purgatorio. Si la aplicamos a uno que está en el purgatorio, sale del purgatorio.

Primero, hay que decirlo, porque no todo el mundo lo sabe, el purgatorio es dogma de fe. La existencia del purgatorio es dogma de fe. La gente se cree que el purgatorio es lo mismo que el limbo. ¡No señor! El limbo no es dogma de fe y el purgatorio, sí. Está definido en los Concilios de Lyón y de Florencia.

San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Pues si podemos ayudar a los difuntos, es a los del purgatorio. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada. Por lo tanto, si podemos ayudar a los difuntos, es a los que están en el purgatorio. El purgatorio es dogma de fe.

El alma que está en el purgatorio, sufre mucho; pero no le sirve a sí misma. No puede merecer para sí. El tiempo de mérito es la Tierra. En la vida terrena podemos merecer, para bien o para mal. Pero una vez que se acaba la vida, con la muerte, ya no se merece más. En el purgatorio, no se puede merecer. Pero nosotros podemos merecer para ellos. Les podemos aplicar una indulgencia plenaria. ¿Qué significa que yo gane para ellos una indulgencia plenaria? Que la saco del purgatorio.

Voy a explicar esto un poco más, en plan popular. Me gusta siempre buscar ejemplos que se entiendan. ¿Qué es eso de la indulgencia plenaria? Con la indulgencia plenaria se te quitan las cicatrices que dejaron en tu alma los pecados cometidos. Tú cometes un pecado mortal, y es una herida mortal. Esa herida mata tu alma. Si no te arrepientes, te condenas. Si te confiesas del pecado mortal, y se te cura la herida, ya no te condenas. Te han cerrado la herida, te han curado la herida; pero te han dejado una cicatriz. Los pecados perdonados dejan cicatrices, y de esas cicatrices te purificas en el purgatorio, antes de entrar en el cielo; porque en el cielo no puedes entrar con el rostro lleno de cicatrices. En el cielo hay que entrar presentable.

Os voy a contar una anécdota. Conozco yo a una señora, muy elegante. Tuvo un accidente de coche y se hizo una tremenda cicatriz en la cara, que la afeaba enormemente. Y yo no sé qué tratamiento de belleza, qué masaje eléctrico, yo no sé cómo se las arregló, que hoy no tiene cicatriz. Yo, porque lo sé, veo la cicatriz. Pero sólo le queda una leve línea. Se ha sometido a un tratamiento de belleza, y le han quitado la cicatriz. Y ahora ha recuperado la belleza que tenía antes.

Eso es el purgatorio: un tratamiento de belleza para el alma. Ese alma que está llena de cicatrices por todos los pecados mortales perdonados, pero que han dejado cicatrices. En el purgatorio, se purifican las cicatrices, se limpian las cicatrices, desaparecen las cicatrices. Y ya puedes entrar en el cielo presentable, que es cómo hay que entrar en el cielo.

***

Pues esta indulgencia plenaria, yo la puedo ganar o para mí, o para otro. ¿La puedo ganar para mí? Sí señor. Pero hay un problema. Para que yo gane una indulgencia plenaria para mí, tengo que tener total aborrecimiento de todo desorden. Porque si yo tengo un afecto desordenado, ya estoy mereciendo el purgatorio. Quizás, no infierno; pero por lo menos purgatorio. Porque tengo un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, no gano la indulgencia plenaria para mí.

Pero si yo aplico a otro una indulgencia plenaria, no importa que yo tenga un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, ya lo pagaré en el purgatorio. Pero, ¿qué culpa tiene el otro? Yo puedo ganar una indulgencia plenaria y aplicársela a otro. Es mucho más fácil ganar la indulgencia plenaria para otro, que para uno mismo. Para uno mismo es mucho más difícil. Pero para otro, facilísimo. Basta con hacer la obra indulgenciada y poner las condiciones.

En la reforma de indulgencias han quitado las indulgencias plenarias diarias, que había muchas, y han dejado cuatro. Nada más que cuatro. Que son: rezar el rosario en común o delante del Sagrario; media hora de oración delante del Santísimo; media hora de lectura de Biblia; y hacer el Vía-Crucis. Cualquiera de estas cuatro cosas tiene indulgencia plenaria cada día.

Una de las reformas es que sólo se puede ganar una indulgencia plenaria al día. Antes había las «Toties quoties» como la Porciúncula: que podías ganar un montón de indulgencias plenarias en un día. Ahora no. La Iglesia ha decidido dejar una sola plenaria al día. El Vía-Crucis, que es lo que yo hago todos los días, es rapidísimo de hacer. Yo no sé si tardo cinco minutos. No tardo más. En el Vía-Crucis no hay que pararse en las catorce estaciones. Ni rezar una cosa en cada estación. Basta recorrer las estaciones pensando en la Pasión. Y en una capilla pequeña, como la que tenemos los jesuitas en nuestras casas, la capilla la recorro en cinco minutos. En cinco minutos recorro, meditando en la Pasión, las estaciones del Vía-Crucis. Muy sencillo. Y gano la indulgencia plenaria.

Hacer la obra indulgenciada y después, ¿qué condiciones? Pues hay que confesar los ocho días antes o los ocho días después. Si confieso cada quince días, vale. Una comunión por cada indulgencia plenaria. Si comulgo todos los días, vale. Hay que rezar algo por el Papa. Un padrenuestro por las intenciones del Papa, que lo rezamos siempre, después del rosario o después del Vía-Crucis.

Fijaos que las condiciones no pueden ser más sencillas. Si yo todos los días hago un acto que tenga indulgencia plenaria, yo puedo sacar un alma del purgatorio cada día. Fijaos si esto no es fenomenal. Basta que me preocupe de rezar el rosario delante del Santísimo o en común; media hora de oración delante del Santísimo, que lo hacen montones de personas; leer la Biblia durante media hora o el Vía-Crucis. Con que te preocupes un poquitín, puedes sacar del purgatorio un alma al día.

Fijaos si esto no es una obra de caridad impresionante. Y después lo que significa tener en el cielo ese ejército de amigos que saben que tú los sacaste del purgatorio. Fíjate cómo estarán pidiendo a Dios por tus necesidades. Esto que digo, de preocuparse de las almas del purgatorio, me parece interesantísimo, por lo que tiene de caridad. Podemos aplicarla a un ser querido; pero también podemos dejarla en manos de Dios y de la Virgen para que las apliquen a las almas más necesitadas del purgatorio.

***

Hay una cosa que se llama « El voto de ánimas» que lo llaman «acto heroico de caridad». Yo, sinceramente, pienso que de heroicidad nada.

¿En qué consiste el voto de ánimas? No es voto, se llama así, pero no obliga bajo pecado. Y puede uno rectificarlo cuando quiera. Pero se llama «voto de ánimas». ¿Qué significa el voto de ánimas? Significa que yo renuncio a todos los méritos renunciables, porque hay méritos que son irrenunciables. En mis buenas obras, yo tengo méritos que son intransferibles. Pero hay otros méritos que yo puedo renunciar. Pues yo renuncio a todos los méritos que yo pueda renunciar, y los pongo en manos del Señor y de la Virgen, para que ellos los distribuyan entre las almas del purgatorio más necesitadas. Que ellos distribuyan como quieran los méritos míos.

Se llama «acto heroico de caridad», por lo que yo renuncio en favor de las almas del purgatorio. Pero yo digo: esto de heroico nada. Porque si dice Cristo: «Los misericordiosos alcanzarán misericordia», y si por hacer yo este acto de misericordia, después voy a tener la misericordia de Dios para conmigo, ¿qué más quiero? Soy yo el que salgo ganando, haciendo un acto de misericordia. Porque Dios después tendrá misericordia conmigo.

Si yo renuncio a ese tesoro espiritual mío, que he ganado con mis buenas obras, si con esa pequeña renuncia de mis pobres obras, logro ayudar a tantas almas que suban a la gloria, y después se interesan por mí, decidme si no es fenomenal tener en el cielo ese ejército de amigos míos, que saben que yo les ayudé a entrar en la gloria. Lo que se van a preocupar por mí.

Por eso decía el Padre Eduardo Fernández Regatillo, S.I., que era un teólogo de gran notoriedad: «Muchas personas de gran categoría espiritual y teológica, han hecho el voto de ánimas». Basta que un día en la misa se haga este ofrecimiento: «Señor, te ofrezco todo lo que yo pueda renunciar, en beneficio de las almas del purgatorio». ¡Los misericordiosos alcanzarán misericordia!

A ver si os animáis a ayudar a los moribundos y a las almas del purgatorio. Que vosotros saldréis ganando. Y ellos también. Muchas gracias.
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