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 Tertuliano...

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Georges42
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MensajeTema: Tertuliano...   Vie Ago 31, 2007 8:00 am

Quinto Séptimo Floro Tertullianus, castellanizado como Tertuliano (155-230) fue un líder de la iglesia y un prolífico autor durante los primeros años del Cristianismo. Nació, vivió y murió en Cartago, en el actual Túnez.



Su vida
De su vida muy poco se sabe, y está basado de referencias de sus escritos y de Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica II,ii.4, y de Jerónimo, De viris illustribus cap. 53.

Su Padre fue centurión en el ejército Romano en África. La África romana se destacó por albergar grandes oradores, y esta influencia puede verse en su estilo, sus arcaísmos, su gran imaginación, y su temperamento pasional. Él fue un académico que recibió una excelente educación. El escribió por lo menos tres libros en Griego, de los cuales él mismo cita; pero ninguno se ha conservado. Su especialidad fueron las leyes, y sus métodos de argumentación lo demuestran. Eusebio nos cuenta que él fue un destacado abogado en Roma.

Su conversión al cristianismo aconteció alrededor del 197-198,(según Adolf von Harnack, Bonwetsch, y otros), pero sus antecedentes son desconocidos, a menos por conjeturas de sus obras. Tal evento debe haber sido decisivo en su vida, transformando su personalidad; él mismo dijo que el no podría imaginar una verdadera vida cristiana sin tal cambio radical, un radical acto de conversión: "los cristianos se hacen, no nacen". (Apologeticum, XVIII).

En la Iglesia de Cartago, fue ordenado presbítero, aunque se casó, y este hecho está bien confirmado por sus dos libros para su esposa. A la mitad de su vida, hacia el año 207, se separa de la Iglesia Católica, siendo llevado a la secta de Montano. Pero los montanistas no fueron los suficientemente rigurosos para Tertuliano, quién rompió con ellos para fundar su propia secta. La crónica de San Agustin (De Haeresibus, LXXXVI) que dice que antes de morir, Tertuliano retornó al seno de la Iglesia Católica, es improbable.

Su secta, los Tertulianistas, todavía se mantenía en tiempos de Agustín, en una basílica en Cartago, pero en el mismo periodo se trasladaron a oriente. Tertuliano continuó su lucha contra la herejía, especialmente con el Gnosticismo; y por las obras doctrinales producidas llegó a ser maestro de Cipriano de Cartago, el predecesor de Agustín, y el fundador de la teología latina.

(sigue)
Tomado de Wikipedia
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MensajeTema: Re: Tertuliano...   Vie Ago 31, 2007 8:04 am

Cristología
Tertuliano considera al Logos de Dios (Sermo o Verbum), como Dios en sentido derivado , por ser de la misma substancia de Dios, Dios que viene de Dios como luz que proviene del sol.

Y decimos que por Dios ha sido pronunciado y de tal pronunciación es generado, y por eso es llamado Hijo de Dios y Dios por unidad de substancia; porque Dios es espíritu. Así como el rayo nace del sol, porción de aquella suma, quedándose el sol en el rayo, porque en el rayo está el sol, y no se separa la substancia, sino que se extiende ; así el espíritu nace de espíritu y Dios de Dios. Como la lumbre aunque encienda otras queda entera sin menoscabarse, y no pierde los grados la matriz, aunque de ella se originen otras iguales luces, que si se comunica no se mengua; así lo que nació de Dios es Dios enteramente é Hijo de Dios, y ambos uno, Espíritu de Espíritu y Dios de Dios, en quien solamente hace número el grado de la generación , el modillo de la persona, no la majestad de la esencia, que aunque nace no se aparta; como el ramo, aunque nace no se divide del tronco.

(Apologeticum XXI)
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MensajeTema: Re: Tertuliano...   Vie Ago 31, 2007 8:06 am

No considera al Hijo coeterno con el Padre. El Hijo de Dios no siempre existió, solo a partir de ser engendrado por el Padre. Esto lo demuestra diciendo:

"Nosotros afirmamos, por lo tanto, que el nombre de Dios siempre existió con Él mismo, pero no eternamente el de Señor. Porque la condición de uno no es la misma que la del otro. Dios es la designación de la sustancia misma, esto es: de la Divinidad; pero el Señor, no lo es de la sustancia, sino del poder . Yo sostengo que la sustancia existió siempre con su propio nombre, el cual es Dios; el título Señor fue después añadido, como indicación de algo acrecentado. Desde el momento que las cosas empiezan a existir, sobre el cual el poder de un Señor fue el acto, Dios a través de la accesión de tal poder, llegó a ser Señor y recibió el nombre de ahí. Porque Dios es de la misma manera un Padre y también un Juez; pero no siempre fue Padre y Juez, simplemente por haber sido siempre Dios. Porque él no pudo haber sido Padre previo al Hijo ni un Juez antes del pecado. Hubo sin embargo, un tiempo cuando ni el pecado existió con Él, ni el Hijo; el primero lo constituye de Señor a Juez y el último un Padre. De esta manera no fue Señor previo a esas cosas de las cuales Él fue Señor. Pero Él llegó a ser Señor únicamente en un tiempo futuro: solo como Él llegó a ser Padre por causa del Hijo y Juez por el pecado, entonces también llegó a ser Señor a través de las cosas que él hizo. "

(Adversus Hermogenem III)
Tertuliano al igual que Hipólito de Roma, escribieron contra el Modalismo, doctrina que profesaban Noeto, Praxeas y Sabelio. Estos tres afirmaban que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, eran la misma persona. Tertuliano escribe refutando a Praxeas:

La herejía de Práxeas piensa estar en posesión de la pura verdad cuando profesa, que para defender la unicidad de Dios, hay que decir que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son lo mismo.

(Adversus Praxeam II)
Uno de los textos de soporte de Praxeas era Juan 10:30. Tertuliano contradice su interpretación apelando a sus conocimientos de gramática:

"Yo y el Padre somos uno"(Juan 10:30). De aquí ellos toman su soporte, tan ciego, para ver en primer lugar que en este pasaje se habla de dos , "Yo y el Padre"; y de que hay un plural , "somos", inaplicable a una sola persona; y por último, dice "Unum sumus" y no "Unus sumus". [...] para prevenir (Jesús) el pensamiento de ellos, de merecer esto, como si Él hubiera clamado para que lo considerasen Dios mismo, es decir, el Padre, por haber dicho "Yo y el Padre somos uno", representándose a sí mismo como el Dios, Hijo de Dios, y no como Dios mismo (qua filium Dei deum ostendens, non qua ipsum Deum) Él dice, "si esta escrito en su ley, "Yo dije, ustedes son dioses", y la escritura no puede ser anulada, ustedes dicen de quien el Padre santificó y envió al mundo, que ¿blasfemas porque dije que soy Hijo de Dios?"

(Adversus Praxeam XXII)
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MensajeTema: Re: Tertuliano...   Vie Ago 31, 2007 8:08 am

Precursor del Trinitarismo latino
Es el primero en usar la palabra latina "trinitas". Él nos dice, con respecto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo:

Los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia

(Adversus Praxeam II)
Es, y sigue siendo un tema de debate, el uso de la palabra latina "substantia" que Tertuliano aplica a la unidad entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Algunos eruditos, como Harnack, afirman que esta palabra significa "propiedad", que viene del significado no filosófico de la palabra griega ουσια (ousía) ([1]).Entonces, éste sería un término jurídico que denota jurisdicción. Otros le dan el significado de la ουσια primera, a la que Aristóteles llama "substancia primera", que es la "essentia", lo que ha de ser(το τι ην ειναι), que no se puede predicar de otro.(vea su obra: Metafísica). Sin embargo, un estudio detallado, revela que "substantia" en Tertuliano tiene más de un significado, dependiendo del contexto de aplicación, que no esta circunscrito siempre al Aristotélico.

Visión de la Filosofía
Tertuliano rechazaría a los filósofos paganos.Él lo manifiesta en estas palabras:

Todas las herejías en último término tienen su origen en la filosofía. De ella proceden los errones y no sé qué formas infinitas y la tríada humana de Valentín; es que había sido platónico. De ella viene el Dios de Marción, cuya superioridad está en que está inactivo; es que procedía del estoicismo. Hay quien dice que el alma es mortal. y ésta es doctrina de Epicuro.[...]Es el miserable Aristóteles el que les ha instruido en la dialéctica, que es el arte de construir y destruir, de convicciones mudables, de conjeturas firmes, de argumentos duros, artífice de disputas, enojosa hasta a sí misma, siempre dispuesta a reexaminarlo todo, porque jamás admite que algo esté suficientemente examinado.[...]Quédese para Atenas esta sabiduría humana manipuladora y adulteradora de la verdad, por donde anda la múltiple diversidad de sectas contradictorias entre sí con sus diversas herejías. Pero, ¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Qué tienen que ver los herejes y los cristianos? Nuestra escuela es la del pórtico de Salomón, que enseñó que había que buscar al Señor con simplicidad de corazón. Allá ellos los que han salido con un cristianismo estoico, platónico o dialéctico. No tenemos necesidad de curiosear, una vez que vino Jesucristo, ni hemos de investigar después del Evangelio. Creemos, y no deseamos nada más allá de la fe: porque lo primero que creemos es que no hay nada que debamos creer más allá del objeto de la fe.

(De Praescriptione, 7, 1)
Sin embargo, esto no significa que Tertuliano no utilizó argumentos de la filosofía para su exégesis y refutación.


Consulte la bibliografía propuesta por Wikipedia.
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MensajeTema: Re: Tertuliano...   Vie Ago 31, 2007 8:22 am

Benedicto XVI presenta a Tertuliano
Intervención durante la audiencia general del miércoles



CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles dedicada a presentar la figura de Tertuliano, literato, filósofo, teólogo y apologista, nacido en Cartago, la actual Túnez, a mediados del siglo II.




* * *



Queridos hermanos y hermanas:

Con la catequesis de hoy retomamos el hijo abandonado con motivo del viaje en Brasil y seguimos hablando de las grandes personalidades de la Iglesia antigua: son maestros de fe también para nosotros hoy y testigos de la perenne actualidad de la fe cristiana.

Hoy hablamos de un africano, Tertuliano, que entre el final del siglo II e inicios del siglo III inaugura la literatura cristiana en latín. Con él comienza una teología en este idioma. Su obra ha dado frutos decisivos, que sería imperdonable infravalorar. Su influencia se desarrolla a diversos niveles: desde el lenguaje y la recuperación de la cultura clásica, hasta la individuación de un «alma cristiana» común en el mundo y la formulación de nuevas propuestas de convivencia humana.

No conocemos exactamente las fechas de su nacimiento y de su muerte. Sin embargo, sabemos que en Cartago, a finales del siglo II, recibió de padres y maestros paganos una sólida formación retórica, filosófica, jurídica e histórica. Se convirtió al cristianismo atraído, según parece, por el ejemplo de los mártires cristianos.

Comenzó a publicar sus escritos más famosos en el año 197. Pero una búsqueda demasiado individual de la verdad junto con la intransigencia de su carácter, le llevaron poco a poco a abandonar la comunión con la Iglesia y a unirse a la secta del montanismo. Sin embargo, la originalidad de su pensamiento y la incisiva eficacia de su lenguaje le dan un lugar de particular importancia en la literatura cristiana antigua.

Son famosos sobre todo sus escritos de carácter apologético. Manifiestan dos objetivos principales: en primer lugar, el de confutar las gravísimas acusaciones que los paganos dirigían contra la nueva religión; y en segundo lugar, de manera más positiva y misionera, el de comunicar el mensaje del Evangelio en diálogo con la cultura de su época.

Su obra más conocida, «Apologético», denuncia el comportamiento injusto de las autoridades políticas con la Iglesia; explica y defiende las enseñanzas y las costumbres de los cristianos; presenta las diferencias entre la nueva religión y las principales corrientes filosóficas de la época; manifiesta el triunfo del Espíritu, que opone a la violencia de los perseguidores la sangre, el sufrimiento y la paciencia de los mártires: «Por más que sea refinada --escribe el autor africano--, vuestra crueldad no sirve de nada: es más, para nuestra comunidad constituye una invitación. Después de cada uno de vuestros golpes de hacha, nos hacemos más numerosos: ¡la sangre de los cristianos es semilla eficaz! (semen est sanguis christianorum!)" (Apologético 50,13). Al final vencen el martirio y el sufrimiento y son más eficaces que la crueldad y la violencia de los regímenes totalitarios.

Pero Tertuliano, como todo buen apologista, experimenta al mismo tiempo la necesidad de comunicar positivamente la esencia del cristianismo. Por este motivo, adopta el método especulativo para ilustrar los fundamentos racionales del dogma cristiano. Los profundiza de manera sistemática, comenzando con la descripción del «Dios de los cristianos». «Aquél a quien adoramos es un Dios único», atestigua el apologista. Y sigue, utilizando las paradojas características de su lenguaje: «Él es invisible, aunque se le vea; inalcanzable, aunque esté presente a través de la gracia; inconcebible, aunque los sentidos le puedan concebir; por este motivo es verdadero y grande» (ibídem 17,1-2).

Tertuliano, además, da un paso enorme en el desarrollo del dogma trinitario; nos dejó el lenguaje adecuado en latín para expresar este gran misterio, introduciendo los términos de «una sustancia» y «tres Personas». También desarrolló mucho el lenguaje correcto para expresar el misterio de Cristo, Hijo de Dios y verdadero Hombre.

El autor africano habla también del Espíritu Santo, demostrando su carácter personal y divino: «Creemos que, según su promesa, Jesucristo envió por medio del Padre al Espíritu Santo, el Paráclito, el santificador de la fe de quienes creen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu» (ibídem, 2,1).

En sus obras se leen además numerosos textos sobre la Iglesia, a la que Tertuliano reconoce como «madre». Incluso tras su adhesión al montanismo, no olvidó que la Iglesia es la Madre de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. Analiza también la conducta moral de los cristianos y la vida futura.

Sus escritos son importantes, además, para comprender tendencias vivas en las comunidades cristianas sobre María santísima, sobre los sacramentos de la Eucaristía, del Matrimonio y de la Reconciliación, sobre el primado de Pedro, sobre la oración…

En especial, en aquellos años de persecución en los que los cristianos parecían una minoría perdida, el apologista les exhorta a la esperanza, que --según sus escritos-- no es simplemente una virtud, sino un modo de vida que abarca cada uno de los aspectos de la existencia cristiana.

Tenemos la esperanza de que el futuro sea nuestro porque el futuro es de Dios. De este modo, la resurrección del Señor se presenta como el fundamento de nuestra resurrección futura, y representa el objeto principal de la confianza de los cristianos: «La carne resucitará --afirma categóricamente el africano--: toda la carne, precisamente la carne. Allí donde se encuentre, se encuentra en consigna ante Dios, en virtud del fidelísimo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, que restituirá Dios al hombre y el hombre a Dios» («La resurrección del cuerpo», 63,1).

Desde el punto de vista humano, se puede hablar sin duda del drama de Tertuliano. Con el paso del tiempo, se hizo cada vez más exigente con los cristianos. Pretendía de ellos en toda circunstancia, y sobre todo en las persecuciones, un comportamiento heroico. Rígido en sus posiciones, no ahorraba duras críticas y acabó inevitablemente aislándose. De hecho, hoy día quedan aún abiertas muchas cuestiones, no sólo sobre el pensamiento teológico y filosófico de Tertuliano, sino también sobre su actitud ante las instituciones políticas de la sociedad pagana.

Esta gran personalidad moral e intelectual, este hombre que ha dado una contribución tan grande al pensamiento cristiano, me hace reflexionar mucho. Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad para integrarse en la Iglesia, para aceptar sus debilidades, para ser tolerante con los demás y consigo mismo.

Cuando sólo se ve el propio pensamiento en su grandeza, al final se pierde esta grandeza. La característica esencial de un gran teólogo es la humildad para estar con la Iglesia, para aceptar sus propias debilidades, pues sólo Dios es totalmente santo. Nosotros, sin embargo, siempre tenemos necesidad de perdón.

En definitiva, el autor africano permanece como un testigo interesante de los primeros tiempos de la Iglesia, cuando los cristianos se convirtieron en sujetos de «nueva cultura» en el encuentro entre herencia clásica y mensaje evangélico. Es suya la famosa afirmación, según la cual, nuestra alma es «naturaliter cristiana» («Apologético», 17, 6), con la que Tertuliano evoca la perenne continuidad entre los auténticos valores humanos y los cristianos; y también es suya la reflexión, inspirada directamente en el Evangelio, según la cual, «el cristiano no puede odiar ni siquiera a sus propios enemigos» (Cf. «Apologético», 37). Implica una consecuencia moral ineludible de la opción de fe que propone la «no violencia» como regla de vida: y no es posible dejar de ver la dramática actualidad de esta enseñanza, a la luz del encendido debate sobre las religiones.

En los escritos del africano, en definitiva, se afrontan numerosos temas que todavía hoy tenemos que afrontar. Nos involucran en una fecunda búsqueda interior, a la que invito a todos los fieles, para que sepan expresar de manera cada vez más convincente la «Regla de la fe», según la cual, como dice Tertuliano, «nosotros creemos que hay un solo Dios, y no hay otro fuera del Creador del mundo: él lo ha hecho todo de la nada por medio de su Verbo, engendrado antes de todo» («La prescripción de los herejes» 13, 1).
Tomado de Zenit.org
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MensajeTema: Re: Tertuliano...   Vie Ago 31, 2007 9:37 am

Tertuliano, «nosotros creemos que hay un solo Dios, y no hay otro fuera del Creador del mundo: él lo ha hecho todo de la nada por medio de su Verbo, engendrado antes de todo.
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